Fallar te tiene que dar igual
Fallar te tiene que dar igual, lo importante es no parar
Hace años no me daba margen con casi nada.
Si fallaba a la frecuencia que me había marcado, lo sentía como un fallo.
Y a veces no era solo un día.
Era ese día…
y el siguiente…
y si me apuras, alguno más.
Y ahí entraba el bucle.
Porque ya había fallado.
Y como no pasaba nada… tampoco pasaba nada por un día más.
Y otro.
Con el tiempo he ido… o mejor dicho, he tenido que ir aprendiendo a no martirizarme tanto.
A darme permiso para fallar puntualmente y a entender que un día no define nada.
Pero hay algo que he ido viendo con los años:
Fallar no suele venir solo.
Suele venir con una historia.
“Hoy estoy cansado”
“Mañana lo retomo mejor”
“Por un día no pasa nada”
Y es verdad.
Por un día no pasa nada.
El problema es que esas historias y excusas que nos contamos funcionan demasiado bien.
Te las crees.
Y sin darte cuenta, ya no es solo un día.
Es no entrenar una semana.
Es no ir a esa clase que elegiste tú, a la que nadie te obliga,
pero sabes perfectamente que te hace falta(en mi caso clases de Inglés).
Es no escribir, no publicar, y por tanto no avanzar.
Y todo sigue teniendo sentido en tu cabeza por que lo justificaste con una “buena“ excusa.
Y no si no lo ubicas ni reconoces, ahí está el peligro.
Porque no sientes que estés fallando.
Sientes que solo lo estás justificando.
Y eso es mucho más cómodo que aceptar que te permites fallar de vez en cuando, pero no de forma repetida.
Y para eso yo lo que intento no permitirme es darme permiso para fallar dos días seguidos.
Porque ahí ya no es puntual.
Ahí empieza a enraizarse algo que luego cuesta mucho más cortar.
Y la diferencia radica justo ahí.
No tanto en fallar o no fallar, sino en cuánto tiempo te quedas fuera de la rutina.
Cuántos días te das permiso para no volver.
Porque fallar un día es humano.
Encadenarlos… también, pero es cuando empiezas a alejarte.
Ayer no te envié nada.
Y no pasa nada.
Pero hoy sí.
Porque uno pasa.
Dos… mejor que no.
Algo con lo que estoy sumergido:
Llevo ya varias semanas trasteando con Claude Code y ahora con Codex de OpenAI.
Y la verdad, me ha estallado un poco la cabeza.
He empezado a conectar y crear cosas que antes ni me planteaba hacer.
Cosas que me llevaban mucho tiempo… o directamente no hacía porque me daba pereza aprender esa skill(como programar y crear proyectos con sus archivos organizados etc..)
Ahora las hago…. mas o menos.
Y no porque sea lo mejor, o por que está de moda usar estas herramientas.
Sino porque he dejado de poner la excusa de “esto no es para mí” por… ha llegado el momento de hacer cosas nuevas y aprender de verdad.
Y es que si entras en LinkedIn parece que todo el mundo ya va tarde, que todos a los que leemos son pros, y que llegas el último a esto del vibe coding, vibe design, o como quieras llamarlos.
Pero luego te pones, trasteas un rato… y te das cuenta de que no iba de llegar pronto.
Iba de empezar y de saber para que lo necesitabas utilizar.
Por que algo que tengo claro, es que ahora se puede democratizar mucho la ejecución, pero no tanto la intención.
Y ahí radica gran parte de mi aprendizaje vital.
Si necesitas ayuda u orientación con algo alrededor de esto, contáctame y charlamos un rato.
Un frase antes de cerrar:
No importa lo lento que avances, siempre que no te detengas.
-Confucio-
Me despido ya.
Espero que tengas un día genial ✨
- Óscar López (@osvat_)
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